Le echamos la culpa al destino sin darnos cuenta de que nosotros mismos lo formamos. Nunca nos hacemos cargo de nuestros errores. Escondemos nuestros problemas detrás de valores que pocas veces existen. Pedimos que se nos respete pero no devolvemos lo mismo. Criticamos a los demás sin preguntarnos si somos en verdad mejores. Tenemos prejuicio y diferenciamos a las personas por color, sexualidad, religión, aspecto físico o capacidades mentales diferentes. Nos llenamos la boca hablando de solidaridad pero a la hora de ayudar a los otros les cerramos la puerta en la cara. Porque abecés es bueno cambiar, aunque sea para estar bien con nosotros mismos.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario